CORRESPONDENCIA





CARTA ABIERTA DE ENRIQUE ARAGÓN FARKAS:

MAESTRO JHON JAIRO TORRES DE LA PAVA DIRECTOR DEL 35° FESTIVAL NACIONAL ANTIOQUIA LE CANTA A COLOMBIA.

lbagué, Octubre de 2010.

Apreciado amigo y maestro

Antes que todo recibe mis felicitaciones por el éxito del Festival cumplido en el pasado fin de semana.

Casi que abusivamente y por demás sin consideración, he decidido dirigirte esta carta de manera abierta, porque no va solamente dirigida a ti; así espero que lo entiendas y que llegue a la mayor cantidad de directivos, funcionarios, asesores, jurados, participantes, colaboradores, acomodadores, etc., etc., que hacen realidad la vasta gama de festivales y concursos de música colombiana, que, a Dios gracias, se llevan a cabo en este, mi hermoso país.

Fui particípante del concurso de obra inédita del Festival, concurso que sufrió el vilipendio de una contundente y absurda declaratoria de DESIERTO. Contundente porque cayó como un severo mazazo en mi nuca; absurda porque no se entiende cómo la organización del Festival con el rasero de su sapiencia, que la tiene, haya seleccionado con esmero y sumo cuidado y entregado cuatro obras, que a su saber y entender cumplían con los requisitos tangibles e intangibles para concursar, a un jurado que consideró precisamente todo lo contrario.

Con el debido respeto que se merece cada uno de los miembros del jurado y de la organización del Festival, el jurado pasó por encima de las decisiones de la organización, borrando con el codo lo que esta hizo con la mano y, lo que es peor, la organización, contradiciéndose, así lo aceptó.

La declaratoria de DESIERTO no debería existir. Las organizaciones tienen el deber ético y moral de evitar gue una obra, sea la que sea, sea de quien sea, llegue inútilmente a los escenarios a perder su carácter de inédita, y cuidar que su compositor sufra la vergüenza del menosprecio, así sea oculto tras la superflua figura del seudónimo.

Yo con mis obras siempre he sido perfeccionista. En mi ya larga y reconocida carrera en todos los ámbitos de la música andina colombiana, he aprendido a no hacer pública una canción que, en mi criterio, tuviese un detalle deficiente y, de verdad, no encuentro razón alguna para que mi obra haya sido tratada de esa manera. Después de tanto, me es triste saber que alguien dice que no sé hacer canciones. Lo justo hubiera sido perder en franca lid.

Traigo a colación una décima de la canción "Milonga del Solitario", de Atahualpa Yupanki, uno de mís profetas inspiradores.

Ninguno debe pensar
que vengo en son de revancha,
no es miculpa si en la cancha
tengo con qué galopear.
El que me quiera ganar,
hai' tener buen parejero.
Yo me quitaré el sombrero,
porque así me han enseñao,
y me doy por bien pagao,
dentrando atrás del primero.

Con un fraternal abrazo.

LUIS ENRIQUE ARAGÓN FARKAS
Compositor
RESPUESTA DE JOHN JAIRO TORRES DE LA PAVA:

Miami, Octubre 23 de 2010

Querido y admirado amigo Titite:

Acabo de leer tu carta la cual agradezco y responderé cuando regrese a Colombia. Estoy en los Estados Unidos de vacaciones con mi familia y estaré de vuelta el 2 de noviembre.

Te quiero anticipar eso si que tanto la organización como yo, en mi papel de Director Ejecutivo, somos profundamente respetuosos de las decisiones del Jurado, así no estemos de siempre de acuerdo con las mismas.

Pocos certamenes y festivales son tan transparentes como el nuestro y de eso pueden dar fe muchas personalidades que han pasado por Santa fe de Antioquia.

Un amigo común, el maestro César Zambrano puede contarte como se trabaja en nuestro Festival, por poner solo un ejemplo.

Tu carta es muy contundente pero respetuosa y eso refleja tu talante, gracias de nuevo por escribirme y ya nos pondremos en contacto.

Abrazos,

John J. Torres de la Pava
Director Ejecutivo
Asociación Antioquia le Canta a Colombia
CARTA ABIERTA DE JORGE SOSSA (Jurado 2010):

Apreciado maestro John Jairo Torres de la Pava:

En mi condición de jurado del 35º Festival Nacional Antioquia le Canta a Colombia, creo oportuno y conveniente hacer algunos comentarios y reflexiones sobre la CARTA ABIERTA que le fue enviada a usted por Luis Enrique Aragón Farkas en días pasados y sobre la que aún no he conocido comentario alguno.

El 35º Festival Nacional Antioquia le Canta a Colombia se destacó por la claridad, transparencia y oportuna información de las reglas del juego con las que participantes y jurados asumieron sus respectivos roles. Con ello se reconoce que es uno de los concursos donde más explícitos están los criterios que invitan a participar o no. Ya dentro del Concurso, la organización del evento propicia que el mismo jurado explique de manera directa, clara y contundente a todos y cada uno de los participantes en todas las modalidades, sus consideraciones y fundamentos para determinar los finalistas.

Esto incluyó la consideración del DESIERTO en obra inédita en la 35ª versión del Festival que mereció los comentarios del Maestro Aragón Farkas. Como lo saben todos, eso no suele suceder. Esta determinación permite que todos los concursantes puedan, si lo quieren, pedir sustentaciones sobre las decisiones. Así se hizo con quienes lo solicitaron. Además, quedan de manera transparente todas las planillas diligenciadas y suscritas día a día por cada uno de los jurados. Eso da fe de la seriedad y responsabilidad que vimos y vivimos en un evento que saludamos y valoramos por la riqueza, diversidad y asimetría de las propuestas que intervinieron, incluidas las canciones inéditas.

Todo jurado tiene derecho a que sus determinaciones y fallos -emitidos de acuerdo a criterios de responsabilidad y posturas éticas y estéticas- sean acatados sin poner por encima intereses exclusivamente personales y comprendiendo la dinámica sociocultural que se genera en eventos de gran importancia e impacto. En consecuencia, las razones que sustentaron las decisiones del jurado no se basaron en consideraciones personales ni particulares sino que, como siempre debe ocurrir, atendieron a una lectura juiciosa de las dinámicas de las prácticas en las músicas populares y tradicionales que se manifiestan en eventos que, como este, buscan impulsar, fortalecer y revitalizar las músicas andinas colombianas.

Las bases del concurso y las orientaciones dadas por la organización a los jurados, establecen clara y taxativamente que es posible declarar DESIERTO el premio en alguna de las modalidades, siempre y cuando no hayan pasado a la final; por tanto afirmaciones como: "...el jurado pasó por encima de las decisiones de la organización del Festival..." y que "la organización, contradiciéndose, así lo aceptó", carecen de fundamento. De igual manera, afirmaciones como: "...concurso que sufrió vilipendio de una contundente y absurda declaratoria de DESIERTO...." aparecen desproporcionadas y descontextualizadas.

El Festival en sus bases prevé la consideración de DESIERTO, lo que supone que todos los concursantes lo saben y, lo que es más importante, se someten a esas reglas.

Es preciso aclarar a todos a quienes Aragón Farkas dirige la carta abierta (John Jairo Torres de la Pava, directivos, funcionarios, asesores, jurados, participantes, colaboradores, acomodadores, etc., etc.) que al jurado le llegaron, debidamente preseleccionadas por el Comité Técnico, las cuatro obras que, a la postre, fueron sometidas al escrutinio en rondas privadas y en eliminatorias ante el público durante el Festival.

Este concurso en particular protege la identidad de los compositores a través de la figura del seudónimo, y maneja la información con reserva y meticulosidad. ¿Por qué ahora se considera este mecanismo como superfluo? ¿Y por qué se deriva de la declaratoria de desierto, cuestionada por el compositor, que la obra que concursa y no gana "sufra la vergüenza del menosprecio"?

El jurado no conocía ni conoció la identidad de ningún concursante; hasta el momento de conocerse la carta abierta ignoraba la autoría de las cuatro canciones preseleccionadas; hoy sabemos que una de ellas pertenece a Aragón Farkas.

De otra parte, en las bases del concurso se establecen criterios y reglas para la valoración sobre los intérpretes y las obras que pueden ser premiados; a eso se suma la experiencia, conocimiento e idoneidad de un jurado que es anunciado con la debida antelación para que los concursantes decidan si se someten o no a los fallos que puedan proferir en cumplimiento de las reglas de juego acordadas. Por eso no puede asumirse que el jurado esté fallando sobre quién sabe -o no- componer, tocar o interpretar. No se trata de eso. El veredicto no se basa sobre lo que gusta o no gusta al jurado. Un veredicto responsable consulta los consensos sobre una lectura crítica que valora la importancia de las prácticas musicales expresadas en un concurso dado, incluso asumiendo el riesgo de un debate que, como el presente, invitamos a mirar más allá de un hecho específicamente personal.

Ahora bien, pensando en los participantes, vale la pena considerar que cuando se decide enviar una obra a concursar debería ponderarse bien la posibilidad de que esa obra sea premiada o no. No hay más alternativa. ¿Por qué entonces hablar de "no encuentro razón alguna para que mi obra haya sido tratada de esa manera" o "Lo justo hubiera sido perder en franca lid"?

El jurado, este jurado, nunca buscó maltratar una obra; las cuatro preseleccionadas fueron leídas en su pertinencia estética, en su coherencia téxtico-musical, en su originalidad, en su posibilidad de salir del lugar común, en su potencialidad de aportar al movimiento cultural, en su capacidad de constituirse en referente creativo para las nuevas generaciones que, por fortuna, se expresan participando en convocatorias como Antioquia le Canta a Colombia.

Otra cosa es considerar si es conveniente o no que la figura de DESIERTO deba existir. Es un interesante debate que podría derivarse de la Carta en comento. Pero eso, de ninguna manera, da elementos para endilgar al jurado ni a la organización responsabilidades o actitudes que no les corresponden.

Entonces, Aragón Farkas, o no leyó bien las bases o, estando en desacuerdo, aceptó unas reglas de juego que, a posteriori, somete a cuestionamiento. La duda que surge es ¿qué hubiera pasado si su obra pasa a la final pero no es seleccionada como ganadora? ¿Hubiese escrito otra carta abierta? Esta vez, ¿con qué argumentos?

Con todo, una obra que concursa puede: o ser dejada de lado en la eliminatoria, o ser preseleccionada, o pasar a la final, o, como sucedió en esta oportunidad, su posible premio ser considerado desierto.

Todos saben que el fallo de un jurado es inapelable. No se trata entonces, con estos comentarios, de justificar un veredicto, pero sí de aportar a un debate que bien puede enriquecer el sentido de participar en los concursos.

Surgen otros interrogantes:

¿Se concursa solamente para ganar un premio, un premio económico?

¿Es el concurso la oportunidad de ser parte activa y dinámica del movimiento creativo de unas prácticas musicales de hondo significado artístico y cultural?

¿Nos sometemos al escrutinio de lo público cuando aceptamos la lectura de los jurados, de los públicos, de los intérpretes?

¿Son los concursos espacios que trascienden la idea de ser primordialmente una bolsa de ingresos?

O, por el contrario, ¿consideramos que son los concursos y festivales espacios donde se dinamiza la creatividad, la emulación, el libre juego de proponer en libertad creaciones e interpretaciones para ser sometidas a la libre lectura de públicos y jurados?

¿Son los concursos espacios donde siempre se debe ganar y, si no es así, deben ser el detonante para manifestar el comentario inconforme o la carta abierta para expresar los desacuerdos personales?

Finalmente, los comentarios y reflexiones propuestos, más allá de una respuesta puntual a un descontento personal sobre un veredicto ya fallado; más allá de una justificación que no se requiere; es una invitación a repensar los criterios que animan a los concursos que, como los de la zona andina colombiana, son visitados de manera recurrente por intérpretes y compositores, que configuran un circuito donde todos prácticamente se conocen. En ese sentido, invitamos también a los directores de los múltiples concursos que se dan en el país a que tomen parte de este debate que, además de cultural, es también ético y estético.

Asumiendo la responsabilidad personal de lo aquí expuesto, reciba, Maestro John Jairo, mi cordial saludo,

Jorge E Sossa Santos
Jurado calificador
35º Festival Nacional Antioquia le canta a Colombia
Bogotá, noviembre de 2010
CARTA ABIERTA No 2 AL MAESTRO JHON JAIRO TORRES DE LA PAVA,
DIRECTOR DEL 35º FESTIVAL NACIONAL ANTOQUIA LE CANTA A COLOMBIA:


Ibagué. Noviembre de 2010.

Admirado maestro y dilecto amigo:

He leído con atención tu respuesta a la carta abierta que te dirigí el pasado mes de octubre, respuesta que agradezco inmensamente.

La verdad, me preparaba para comenzar un debate abierto a través de las redes sociales sobre la conveniencia o no de las declaratorias de premios desiertos en los Concursos de Música Andina Colombiana, sin puntualizar sobre concurso alguno. Más de una vez he visto derrumbarse la carrera de jóvenes talentos en sus intenciones de incursionar en la música andina colombiana, ante esas incomprensibles declaratorias que no dejan sensaciones diferentes a: "...lo que Usted hace debe ser enviado a la papelera de reciclaje…". (?).

Sin embargo, la "carta abierta del maestro Jorge Sossa (Jurado 2010)", que por tu sugerencia leí publicada en el blog de correspondencia del sitio web del Concurso, me obliga a detenerme, a revisar y a responder algunos de sus "comentarios y reflexiones", dadas sus inobjetables calidades y su reconocida prestancia.

Lamentablemente, lo puntual de las aseveraciones del maestro Sossa y sus infundadas conclusiones y conjeturas, que directamente me afectan al acusar: "Entonces, Aragón Farkas, o no leyó bien las bases o, estando en desacuerdo, aceptó unas reglas de juego que, a posteriori, somete a cuestionamiento. La duda que surge es ¿qué hubiera pasado si su obra pasa a la final pero no es seleccionada como ganadora? ¿Hubiese escrito otra carta abierta? Esta vez, ¿con qué argumentos?", me vuelven hacia ámbitos que no hubiese querido rebatir, el Concurso, sus Bases y tu carta.

Afirma el maestro Sosa: "Las bases del concurso y las orientaciones dadas por la organización (?) a los jurados, establecen clara y taxativamente que es posible declarar DESIERTO el premio en alguna de las modalidades, siempre y cuando no hayan pasado a la final"; y más adelante escribe: "El Festival en sus bases prevé la consideración de DESIERTO, lo que supone que todos los concursantes lo saben y, lo que es más importante, se someten a esas reglas".

He repasado y vuelto a repasar las Bases a las que tuvimos acceso los concursantes, Bases consignadas en el sitio web del Concurso e identificadas con la dirección http://www.antioquialecanta.com.co/docum/basescolcanta35.pdf, y en verdad, en uso de mi plena razón, no encuentro norma alguna que de pié a lo afirmado por el maestro Sossa sobre "declarar DESIERTO el premio". El tema de las declaratorias de desiertos solo se aborda en la página 5/13, penúltimo párrafo que dice: Importante:… Para que una categoría sea válida se deben inscribir, mínimo, cuatro participantes; de lo contrario será declarada desierta; y en la página 13/13, precisamente para lo concerniente al concurso de obra inédita, último párrafo que reza: "Importante: El Comité Técnico podrá declarar desierto este Concurso, si las obras musicales recibidas no reúnen las condiciones mínimas de calidad, o si no llegan por lo menos a tres (3) las obras seleccionadas para concursar".

Lo claro y lo taxativo es que, según las Bases del Festival, solo podían declararse desiertas las categorías por insuficiencia en el número de participantes inscritos, y desierto el concurso de obra inédita por baja calidad de las obras o por insuficiencia en el número de obras participantes y que la facultad de definir lo primero era del Comité Técnico.

Según las Bases, el Comité Técnico tenía su propia instancia para definir lo anterior, la de la Pre-Selección de las Canciones Inéditas, reglamentada de la siguiente manera: "El Comité Técnico escogerá, mínimo tres (3) y máximo cinco (5) Obras de las recibidas….

Así lo hizo el Comité y le entregó al jurado las cuatro obras, dando vía libre al concurso, que debió realizarse según los pasos consecuentes de las Bases del Festival, pasos que no contemplan la posibilidad de declarar DESIERTO el premio, contrario a lo afirmado por el maestro Sossa.

Cabría entonces preguntar ¿Qué bases de cual concurso debí leer para quitarme el sombrero ante las aseveraciones del maestro Sossa?

No creo estar equivocado cuando digo que no encuentro en las Bases del Festival puntos específicos que den claridad a lo afirmado por el maestro. Si los hay, te ruego el favor me lo hagas caer en cuenta. Por obvias razones, desconozco la Guía del Jurado Calificador y las orientaciones dadas por la organización a sus miembros, que aparentemente contienen disposiciones no contempladas en las Bases del Festival, según se entiende en tu carta y en lo afirmado por el maestro Sossa.

Ante las dudas que el maestro Sossa siembra y sus conjeturas sobre lo que hubiese pasado "si su obra (la mía) pasa a la final pero no es seleccionada como ganadora?", me remito a mi primera carta en donde la respuesta reposa de manera anticipada, clara y taxativa: Lo justo hubiera sido perder en franca lid. Y si esto fuera insuficiente, invito a la lectura detenida de la décima de Atahualpa Yupanki que transcribí al final y que en su totalidad describe mi posición.

En mi criterio, tanto la filosofía de lo inapelable de las decisiones de un jurado como el reclamo del maestro Sossa del derecho a que "todo jurado tiene… a que sus determinaciones y fallos sean acatados….", son banderas irrefutables que deben ondear en todo certamen, pero que no deben enarbolase para escudar situaciones que puedan pasar por encima de su propia normativa.

Ante las amplias disertaciones finales del maestro, es preciso recordar que muchas horas se han perdido, muchas páginas se han escrito, discusiones interminables y foros eternos se han cumplido sin lograr consensos definitivos sobre los temas que él expone. En muchos hemos participado y con seguridad él también lo ha hecho. De ahí que cada organización adopte sus preceptos y disposiciones. La Organización del Festival así lo hizo y las consignó en sus Bases.

Por último y para adicionar a tus curiosidades sobre el concurso, te cuento esta inverosímil coincidencia: Tres de quienes participamos en el concurso declarado desierto hemos sido ganadores, y en más de una ocasión, de las modalidades de obra inédita en concursos de música andina colombiana de convocatoria nacional; y el restante, es una de nuestras mayores glorias. Me abstengo de nombrarlos por no contar con su autorización. Bajo esta realidad lo asombroso es que ninguna de nuestras propuestas alcanzara los niveles de calidad que el exigente jurado dispuso para optar al premio.

Solo me resta solicitar por tu intermedio y de manera comedida a la Organización del Festival, se considere la erradicación explícita de la declaratoria de premios desiertos en todas las categorías y modalidades del Concurso.

Termino, ahora sí, con la frase de alguno de los amigos, músicos todos, que a mí sí me llamaron, frase que, con franqueza te lo confieso, inicialmente no quise digerir: "Las declaratorias de premios desiertos solo corresponden a excesos de arrogancia".

Recibe mis reiteradas manifestaciones de admiración y de afecto.

LUIS ENRIQUE ARAGÓN FARKAS
Compositor

NOTA: Los subrayados, las comillas y las negrillas son mías.


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